¿Quién Es Tu Amigo? ¿Jonatán o Jonadab?

Allen Webster

Si eres una persona normal, entonces quieres tener amigos. Séneca dijo que Dios dividió al hombre en hombres, para que puedan tener amigos. Si se negara la amistad entre personas, ellos buscarían amigos entre los animales. Los que están aislados de otras personas frecuentemente desarrollan gran afecto por los caballos, perros o aves. Un prisionero encerrado en la soledad de su celda incluso se hizo amigo de una araña. Llegó a encariñarse profundamente con el insecto hasta que sus carceleros “brutales” descubrieron esto y destruyeron a la araña.

Además, una persona normal necesita amigos. Existe un gran peligro en el mundo del Internet, los juegos de video y cientos de canales televisivos de sonido cuadrafónico que causan que los adolescentes se aparten de la realidad y deseen estar a solas. Es más fácil que aquellos que no encajan fácilmente escojan no encajar en absoluto. Dios dijo que no es bueno estar solos (Génesis 2:18). En Hechos y en las cartas de Pablo, encontramos al menos 100 diferentes hombres y mujeres que se nombran como parte del círculo de amigos y compañeros de Pablo. Necesitamos compañía para ser felices. “Mejores son dos que uno” (Eclesiastés 4:9). Por ejemplo, al escalar montañas los alpinistas escalan en parejas y atan cuerdas entre ellos para que si uno resbala, el otro pueda levantarlo.

PARTE 1: NO ESCOJAS A “JONADAB” COMO TU AMIGO

Nosotros no necesitamos a algunos amigos. Un predicador dijo,

Cuando se me pregunta que nombre el peligro principal de la gran ciudad para los jóvenes y jovencitas que entran en ella buscando carreras, digo, sin duda, que es el peligro de amistades que se forman precipitadamente y que se escogen equivocadamente… Desearía poder encontrarme con cada tren que viene a la ciudad trayendo su preciosa carga de vidas jóvenes que comienzan la gran aventura del mundo; poder encontrarme con cada joven mientras entra por las puertas de la universidad…; poder encontrarme con ellos mientras se amontonan por entrar a las tiendas, fábricas y oficinas, y mientras regresan a sus…casas, y decirles a todos, “¿Quiénes son sus amigos?”.

Es mejor no tener ningún amigo que tener un mal amigo. “Las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres” (1 Corintios 15:33), es decir, “las amistades malas corrompen las buenas costumbres”. Tener amistad con una persona impía es espiritualmente peligroso. Las mentes impresionables de los jóvenes que todavía están desarrollando una fe fuerte son especialmente susceptibles a la influencia negativa. Los que usan mal lenguaje y tienen una conducta rebelde les presionarán a ser como ellos. El sabio dijo, “No te entremetas con el iracundo, ni te acompañes con el hombre de enojos, no sea que aprendas sus maneras, y tomes lazo para tu alma” (Proverbios 22:24-25).

Se puede abusar de la amistad. Como la marea del océano depende de la atracción de la Luna, nuestro comportamiento depende en gran parte de la influencia que otros ejercen en nosotros. Debemos escoger nuestro “entorno” cuidadosamente. Desde el ladrón y el borracho hasta el hombre que se burla de Dios, casi todos los pecadores reciben su influencia de alguien más. Los pecadores primero respiran la atmósfera envenenada de los pecados de otros, y finalmente la maldad se infiltra en sus corazones, como la enfermedad física se esparce de una persona a otra a través del contacto físico.

Debemos conservar nuestros “oídos limpios”. De niños, parece que nuestros padres tenían un interés inusual en limpiar nuestras orejas. (Nunca entendimos por qué siempre las orejas y no las rodillas o los dedos del pie). Dios, nuestro Padre celestial, parece tener la misma preocupación. Frecuentemente Jesús dijo, “El que tiene oídos para oír, oiga” (Mateo 11:15), y en una ocasión criticó a algunos por tener oídos cerrados (Mateo 13:15).

Para tener “oídos puros”, debemos rechazar el mal consejo (Salmos 1:1-3). Job se apartó del consejo de los malos (Job 21:16); David oró para ser escondido “del consejo secreto de los malignos” (Salmos 64:2); y José de Arimatea “no había consentido en el acuerdo ni en los hechos de ellos” (Lucas 23:51). Por otra parte, Ocozías “anduvo en los caminos de la casa de Acab, pues su madre le aconsejaba a que actuase impíamente” (2 Crónicas 22:3), como Rebeca lo hizo con Jacob (Génesis 27:12-13).

Los adolescentes cristianos deben aprender a decir “No”, y decirlo en serio. Pedro y Juan dijeron a algunos oficiales, “Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios” (Hechos 4:19). Nuestra posible consejera puede tener una cita cada semana, pero su consejo puede ser: “Tienes que darles lo que quieren” (cf. 2 Timoteo 2:22). Puede tener las mejores notas, pero su consejo puede tratarse de la manera de copiar en los exámenes (cf. Romanos 12:17). Puede tener una carrera exitosa, pero su consejo puede ser, “Sal de la casa y deja a esos niños con alguien más” (cf. Tito 2:4-5; 1 Timoteo 5:14). Puede ser la persona más divertida, pero su consejo puede ser, “Relájate, conéctate; unas pocas cervezas no dañan a nadie” (cf. Romanos 6:13).

Amnón era uno de los hijos de David, muy perturbado. Albergaba un deseo sexual impío hacia su propia media-hermana (2 Samuel 13:2). Entre él y ese pecado intervino cada obstáculo que Dios puede colocar entre una persona y un pecado. Su conciencia objetaba; la inocencia de ella le hacía pensar (“ella [era] virgen, le parecía a Amnón que sería difícil hacerle cosa alguna”); la súplica y el razonamiento de ella apeló a su compasión; la amenaza de la ira de su padre y la venganza de su hermano le hacían temer; y desde luego, él sabía que Dios le juzgaría (2 Corintios 5:10). A pesar de todo, Amnón sucumbió a la tentación y cometió un acto brutal. “Mas él no la quiso oír, sino que pudiendo más que ella, la forzó, y se acostó con ella” (2 Samuel 13:14). Violó a su propia hermana.

Antes que continuemos la historia, demos un salto dos años después. Mientras Amnón estaba sentado medio-borracho en la fiesta de su medio-hermano, el siervo de Absalón puso fin a su vida (2 Samuel 13:29). Se apresuró a esta alma cargada de pecado a presentarse delante de su Hacedor. Solamente Amnón murió ese día, pero otro hombre merecía morir, Jonadab. Si él no hubiera ayudado, instigado y hecho arreglos para Amnón, Amnón no hubiera deshonrado a su hermana. El hombre que le había ayudado a comenzar el camino del pecado no estaba allí cuando Amnón llegó a su fin.

Se presenta el comienzo de su fin con estas palabras: “Y Amnón tenía un amigo que se llamaba Jonadab” (2 Samuel 13:3, énfasis añadido). El método que Jonadab usó para persuadir a Amnón todavía es popular. Cuando Amnón le reveló su deseo pero también sus dudas, Jonadab insinuó, “¿No eres hijo del rey?”. Cuando estamos cerca de la tentación y nuestras conciencias nos regañan, las lecciones de nuestros maestros de Biblia atraviesan nuestras mentes, puede aparecer un amigo astuto quien nos susurre al oído provocativamente: “¿No eres hijo de un rey?”. (Realmente dice: “No tienes temor de una lección dominical, ¿verdad? Tu mamá no está aquí. ¡Sé un hombre!”). Dondequiera que un alma perece, en algún lugar acecha un tentador, un Jonadab. Examina a tus amigos antes que te arruinen. Ninguna persona mala puede ser un buen amigo.

El adolescente que no ha determinado en su mente lo que es correcto o incorrecto será influenciado fácilmente por sus amistades. Cuando no se está viajando en una dirección cierta, es fácil que alguien que viaja por el mal camino nos persuada a seguirle. Si debes escoger entre no tener amigos o tener uno como Jonadab, escoge a ninguno. Determina no tener a ningún amigo cercano que no te ayudará a ir al cielo. ¡No permitas que otros te influyan negativamente!

PARTE 2: ESCOGE A “JONATÁN” COMO TU AMIGO

Nace Una Amistad (Lee 1 Samuel 18:1-5)

El mejor ejemplo de amistad en el Antiguo Testamento es la relación entre Jonatán y David. Ellos compartieron una amistad inusual y valiosa raramente igualada. Al leer, ten este pensamiento en mente: Para tener amigos, debes ser un amigo. “El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo” (Proverbios 18:24).

Después que David mató a Goliat, las cosas en su vida comenzaron a suceder rápidamente. Él había salido de la casa de su padre con el simple encargo de visitar a sus hermanos y llevarles alimento. Probablemente tenía puesto sus ropas usuales de pastor y planeaba regresar a casa a tiempo para dormir en su cama esa noche. Pero cuando llegó al campo de batalla, terminó peleando contra el gigante con quien nadie más quería pelear, matándole y llegando a ser un héroe y parte del ejército de Saúl—¡todo esto en un solo día! David cautivó tanto a Saúl que él le llevó a su casa (18:1). (Si eres un rey, entonces puedes hacer eso, 1 Samuel 8:11). Ya que David había mostrado más valentía que los soldados de Saúl al pelear con Goliat, Saúl le puso sobre ellos (2 Samuel 18:5).

La amistad de Jonatán y David se basó en la admiración y confianza mutua. Imagina la primera vez que Jonatán vio a David mientras David regresaba de la batalla con la cabeza sangrienta de Goliat en su mano (1 Samuel 17:57). ¡Cómo habrá admirado su valentía! En ese momento, “el alma de Jonatán quedó ligada con la de David” (1 Samuel 18:1), es decir, llegaron a ser amigos instantáneamente. Alguien ha dicho que “un amigo es otro yo”, y parece que estos dos hombres tenían un solo alma en dos cuerpos diferentes.

Jonatán y David tenían gustos, metas y esperanzas similares, y tenían casi la misma edad. El hijo del rey era valiente, popular y apuesto. David había mostrado ser valiente al pelear contra Goliat, lo cual le guió a la popularidad, y ya se le había descrito como “rubio, hermoso de ojos, y de buen parecer” (1 Samuel 16:12). Ellos tenían experiencias comunes. Jonatán había atacado a una guarnición de filisteos con la misma fe y valentía con la que David había atacado al gigante (1 Samuel 14; 17). Pero sus antecedentes también diferían ya que David era un pastor pobre y Jonatán era el hijo de un rey, lo cual muestra que la amistad puede cruzar las barreras económicas.

La clave en cualquier relación es la confianza. David pronto confió en Jonatán, incluso con su vida. Para ser la clase de amigos que deberíamos ser, debemos abrir y “unir” nuestras almas con otras personas. Esto no siempre es fácil, ya que abrir nuestros corazones significa que podemos llegar a ser heridos, pero es necesario. Las recompensas valen los riesgos (Proverbios 27:6).

Nuestras amistades se deben basar en la admiración mutua. Algunos tratan de “comprar” amigos con regalos o al pagar siempre por las comidas, refrigerios y entretenimiento. Pero como George D. Prentice dijo, “Si tienes que comprar a un amigo, no vale lo que pagarás por él”. Esa amistad durará hasta cuando el dinero lo haga—si es que dura hasta ese momento. En cambio, escoge a alguien que te respete por lo que eres y a alguien que respetes por lo que es. La Biblia dice que Jonatán “amaba a David en gran manera” (1 Samuel 19:1). El verbo hebreo describe “risa, gozo y placer”. ¡Ellos disfrutaban de su tiempo juntos!

Su amistad se basaba en su fe mutua en Dios. Ambos eran guerreros heroicos, pero su valentía se basaba en confiar que Dios les ayudaría. Nota estos enunciados similares que hicieron incluso antes que se conocieran. Jonatán dijo antes de atacar a los filisteos, “Ven, pasemos a la guarnición de estos incircuncisos; quizá haga algo Jehová por nosotros, pues no es difícil para Jehová salvar con muchos o con pocos” (1 Samuel 14:6). Cuando David atacó a Goliat, dijo, “Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con espada y con lanza; porque de Jehová es la batalla” (17:47).

Su amistad se basaba en el amor fraternal. “Y lo amó Jonatán como a sí mismo” (18:1,3). Amar a alguien según la Biblia es buscar su mayor beneficio (1 Corintios 13:5). Jonatán hizo eso por David. Protegió a David de Saúl incluso cuando supo que David sería ungido como rey en su lugar. Muchos adolescentes piensan que el amor existe solamente entre hombres y mujeres—y esa es una experiencia maravillosa—pero los hombres se pueden amar entre ellos profundamente como amigos, y las mujeres pueden tener esa clase de amor entre ellas. David luego dijo en el funeral de Jonatán, “Más maravilloso me fue tu amor que el amor de las mujeres” (2 Samuel 1:26). No hay nada que sugiera alguna perversión homosexual entre David y Jonatán (cf. Romanos 1:24-28). Ambos eran “hombres de hombres” (guerreros y personas atléticas) y “hombres de Dios” (santos). Ambos se casaron y tuvieron hijos. No hay ninguna insinuación de anormalidad. Ellos tenían lo que llamamos “amor fraternal”.

Los amigos pueden disfrutar los deportes y la recreación juntos. Pueden trabajar y socializarse juntos. Pero pueden hacer más que eso. Pueden hablar acerca de temas profundos y confiar que el otro le entenderá y mantendrá las conversaciones en privado. Muchas mujeres jóvenes son mejores en esto que los varones. Los hombres frecuentemente tienen a muchos alrededor de ellos pero a pocos amigos, muchos asociados pero pocos compañeros. Como resultado, se pueden sentir solitarios, aislados e incomprendidos. Aristóteles dijo, “El que tiene muchos amigos, no tiene ninguno”. Para que alguien tenga amigos, debe estar dispuesto a amar—interesarse por el amigo más que por sí mismo (Filipenses 2:3).

Su amistad involucraba compartir. “Jonatán se quitó el manto que llevaba, y se lo dio a David, y otras ropas suyas, hasta su espada, su arco y su talabarte” (1 Samuel 18:4). ¡Jonatán dio un vistazo a David y supo que no podía ir al palacio vestido de esa manera! David era un joven campesino, y no había tenido incluso la oportunidad de regresar a casa, así que no tenía ropas apropiadas para su nueva vida pública. Jonatán, el hijo del rey, le dio sus propias ropas. (Probablemente eran las mejores ropas que el dinero podía comprar). David estaba armado solamente con las armas de un pastor, así que Jonatán, el soldado, le dio su espada y arco. Esto era muestra de gran generosidad, ya que no eran cosas que fácilmente se otorgaban.

Matthew Henry observó que Jesús, el Amigo de los pecadores (Lucas 7:34), hizo lo mismo por nosotros cuando se despojó de Sus ropas y de Sí mismo para enriquecernos. Hizo más que Jonatán, se vistió con nuestros andrajos, pero Jonatán no se puso las ropas de David (1961, p. 308). “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos” (2 Corintios 8:9).

Su amistad permaneció firme por medio de un contrato verbal (18:3). No era suficiente que el alma de Jonatán amara a David; ellos querían sellar su amistad con un compromiso formal. Un proverbio africano dice, “Sostenga a un amigo verdadero con sus dos manos”. Esto es lo que Jonatán y David hicieron. Hicieron un pacto para prometer que podían contar entre sí. Esto fue tan importante para ellos que luego renovaron su pacto (20:14-17; 23:16-18). La segunda vez Jonatán dijo, “Requiéralo Jehová…” (1 Samuel 20:16), lo cual significa, “Que el Señor considere responsable a David por las obligaciones de este pacto”. David estuvo de acuerdo en mostrar “compasión” no solamente a Jonatán, sino también a sus descendientes.

La Prueba de una Amistad (Lee 1 Samuel 18:5-30)

La amistad de Jonatán y David perduró a pesar de la rivalidad potencial (18:6). Cuando se esparció la noticia de su lucha con Goliat, la popularidad de David creció en el pueblo. Al regresar del campo de batalla, David venía con Saúl y el ejército en una clase de desfile victorioso. Todas las jóvenes les saludaban con canciones. Estas serenatas probablemente avergonzaron al joven pastor, y ciertamente causaron ira al rey. Ellas cantaban, “Saúl hirió a sus miles, y David a sus diez miles”. ¡Este joven héroe elegante y apuesto había cautivado la atención de todas las jóvenes! Desde luego, Saúl era casado y tenía más edad (tenía un hijo lo suficientemente mayor para ser un guerrero), así que ellas no estaban atraídas a él. Ellas no tenían el propósito de insultar a Saúl, ya que todavía pensaban que él era un gran rey, pero cuando Saúl oyó lo que estaban cantando, se enojó y tuvo celos.

Aunque frecuentemente es más difícil saber cómo “abundar” que cómo “escasear” (Filipenses 4:11), David lidió muy bien con la “abundancia”. Saúl no pudo lidiar con la escasez. La Biblia dice, “[D]esde aquel día Saúl no miró con buenos ojos a David” (18:9). Cuando alguien tiene celos de su autoridad y posición, llega a tener envidia de otros y llega a estar a la defensiva de lo que otros dicen acerca de él. Saúl pronto llegó a actuar paranoicamente en cuanto a David, y llegó a arruinar su propia vida al perseguir a David. Llegó a lucir como un necio delante de la misma gente a quien quería agradar.

Aunque David “tenía toda la atención de las chicas”, Jonatán no estaba celoso. La Biblia no dice, “Este dicho desagrado a Jonatán”, sino “desagrado a Saúl”. Nadie tenía “más razón” de odiar a David que Jonatán, pero él todavía era su mejor amigo. A pesar de todas las tensiones familiares, Jonatán permaneció siendo fiel a David por el resto de su vida. Los amigos no tienen celos del éxito del otro. Se sienten felices cuando suceden buenas cosas a la otra persona, y tristes cuando le sucede algo malo. Pablo escribió, “Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran” (Romanos 12:15).

Su amistad continuó a pesar de la interferencia familiar. Saúl comenzó a sospechar grandemente de David, e ideó planes contra David. Dos veces intentó matarle con una lanza mientras David tocaba el arpa en las habitaciones privadas de Saúl (18:11). Pero David fue muy rápido y simplemente evadió la lanza. Luego, Saúl arrojó a David fuera del palacio (18:13). Mientras tanto, pensó en una manera de matar a David y hacerlo parecer como un accidente. Planeó dejar que los filisteos hicieran el “trabajo sucio” por él. Ofreció al soltero y elegible David a una de sus hijas como esposa. En ese tiempo, el joven tenía que ofrecer al padre de la novia un “rescate” o dote. Saúl decidió requerir a David que matara a filisteos por la dote, esperando que ellos le mataran. David no pensaba que merecía ser el yerno del rey, y rechazó el ofrecimiento. Saúl luego dio a Merab a otro hombre (18:19). (Imagina la desilusión de David).

Después Saúl oyó que Mical—su otra hija—amaba a David, así que pidió a sus siervos que hicieran reconsiderar la situación a David. En un principio, David sabía que no podía “pagar” por la hija del rey, así que declaró esto, pero los siervos dijeron a David que Saúl aceptaría 100 filisteos muertos como dote. Si él podía traer evidencia que había matado a los enemigos de Israel, entonces podía tener a Mical como esposa. ¡David “saltó de alegría” por la oportunidad! ¡Tomó a sus hombres y mató a 200! Saúl la había ofrecido solamente porque pensaba que los filisteos matarían a David (18:25). Después de todo, ¡nadie se enfrenta a 100 filisteos sin ser muerto! Saúl dio de mala gana a su hija a David, esperando que ella fuera un “lazo” para él.

El ejemplo de Saúl nos advierte en cuanto al peligro de la sospecha. “Fue Saúl enemigo de David todos los días” (18:29). Saúl permitió que el odio controlara su vida, en vez del amor. El amor no sospecha. Pablo escribió, “El amor…no guarda rencor” (1 Corintios 13:5). La sospecha de Saúl finalmente le destruyó.

La Defensa de una Amistad (Lee 1 Samuel 19:1-24)

Nada estaba yendo bien para Saúl. Él trató de matar a David, y en cambio, ¡ahora David era su yerno! Pronto trató de involucrar a sus siervos (incluyendo a Jonatán) en otra conspiración (19:1). Declaró que su yerno era un forajido y anunció que debía ser muerto. Saúl sabía que sus siervos amaban a David—él mismo dijo lo mismo (18:22)—pero aparentemente se dio cuenta que ellos temían al rey más de lo que amaban a David. Saúl subestimó el poder de la amistad de David y Jonatán (quienes eran ahora cuñados). Ya que el amigo “es como un hermano en tiempo de angustia” y “en todo tiempo ama el amigo” (Proverbios 17:17), Jonatán inmediatamente advirtió a David que Saúl quería matarle (19:2). Aconsejó a David a salir del palacio y esconderse.

Jonatán esperaba que después que Saúl descansara esa noche, cambiara su orden con un poco de persuasión de su “hijo favorito”. Jonatán llevó a Saúl al campo y trató de hacer razonar a su padre (19:2-7). Le dijo algo como esto, “David es uno de tus mejores siervos. Él te ayudó y no tienes una buena razón para matarle”. Jonatán argumentó firmemente que las acciones de David demostraban lealtad, y que Saúl estaba siendo extremadamente desagradecido. David había servido a su país al libertarles de los filisteos, y había sacado a Saúl de un problema cuando él y todos sus hombres temían a Goliat. Jonatán también le hizo recordar la ley de Dios que prohibía derramar “sangre inocente” (Deuteronomio 19:10). Las palabras de Jonatán convencieron a Saúl de revocar la orden de matar a David (19:6). El cauteloso David regresó al palacio y “estuvo delante de él como antes” (19:7). Sin duda, David esperaba que la tormenta hubiera pasado.

Jonatán no fue un amigo sólo en las buenas. No pretendía ser amigo de David cuando él estaba cerca. Cuando David estaba lejos, le defendía. Robert South dijo, “Es algo noble y grandioso cubrir las imperfecciones y disculpar las faltas del amigo; poner una cortina delante de sus manchas, y exhibir sus perfecciones; sepultar sus debilidades en el silencio y proclamar sus virtudes desde las azoteas” (1842, 1:297-298). Desde luego, no deberíamos mentir para proteger a nuestros amigos o defenderles si están equivocados, pero deberíamos defenderlos cuando otros hablan injustamente contra ellos.

La mayoría quiere estar en el “grupo popular”. Algunos se esmeran por ser vistos con la “gente correcta”. Andan con ellos, quieren que les noten y salgan con ellos. Pero si uno de los que están en el “grupo popular” sale con otros, pierde una pelea o un juego importante, los supuestos amigos se apartan de él o ella cuando se acerca por el pasillo como el agua se apartó de Moisés en el Mar Rojo. Los amigos verdaderos no actúan de esa manera.

El Fortalecimiento de una Amistad (Lee 1 Samuel 20:1-42)

El arrepentimiento de Saúl no duró mucho. Pronto intentó matar a David otra vez (19:9-10). Le espió (19:11) e incluso trató de poner a su esposa contra él (19:11-17). Ella ayudó a David a escapar a las montañas, donde él llegó a ser un fugitivo. Cuando Saúl fue a Ramá a prender a David, David escapó a Jerusalén a buscar a Jonatán. Allí Jonatán mostró la manera de fortalecer una amistad.

Jonatán pensó en la otra persona (20:1-3,8). Jonatán tuvo compasión de David en sus problemas. Era más fácil decir, “Mira David, he tratado de ayudarte, pero no hay nada que pueda hacer. ¡Vas a ocasionar que me maten si continúas huyendo! Solamente déjame en paz”. Pero él no lo hizo. Al arriesgar su vida, posición y familia, ayudó personalmente a David. Él dijo, “Lo que deseare tu alma, haré por ti” (20:4). Luego, sintió el dolor de David hasta el punto que “se levantó Jonatán de la mesa con exaltada ira, y no comió pan el segundo día de la nueva luna; porque tenía dolor a causa de David, porque su padre le había afrentado” (20:34). ¡Eso es amistad! Así como Jonatán, nosotros no debemos mirar “cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros” (Filipenses 2:4; cf. 1 Corintios 10:33).

Un niño se sentó en una cafetería, y una mesera le dio un vaso con agua. “¿Cuánto está la copa de helado?”. “Un dólar y medio”, ella respondió. El niño comenzó a contar sus monedas. “¿Cuánto está solamente el cono de helado?”, preguntó. Otros estaban esperando para ser atendidos, así que ella dijo impacientemente, “Noventa y cinco centavos”. Él otra vez contó sus monedas. “Deme un cono de helado”. Ella rápidamente lo trajo y se marchó. Cuando el niño terminó, pagó a la cajera y salió. La mesera se sintió terrible cuando vio lo que había en la mesa. Colocadas ordenadamente en la mesa había una moneda de 25 centavos, cinco monedas de 5 centavos y cinco monedas de 1 centavo—su propina. Él estaba pensando en la otra persona en vez de sí mismo (Efesios 4:32).

Esta vez David tenía un plan. Ya que el siguiente día era día de fiesta, Saúl esperaba que David estuviera en la fiesta (20:5). Él planeó esconderse y quiso que Jonatán le “cubriera”. Creó una mentira para Saúl—“Dirás: Me rogó mucho que lo dejase ir corriendo a Belén su ciudad, porque todos los de su familia celebran allá el sacrificio anual”. Desde luego, David no debería haber mentido, pero la Biblia narra cosas de la manera que sucedieron, no de la manera que debieron haber sucedido. En algún momento, Jonatán debía juzgar la actitud de Saúl para con David al observar su reacción cuando David faltara a la fiesta. Si esto no le molestaba, entonces no quería matarle. Pero si se molestaba, esto mostraba que David había arruinado sus planes.

Jonatán pensó en una manera en que ellos se reunieran sin que Saúl sospechara. Él saldría para practicar su “tiro al blanco”, y David se escondería “junto a la piedra de Ezel” (20:19). Si Jonatán lanzaba una saeta más allá de donde David estaba, esto significaba que él debía huir. Si lanzaba la saeta antes del lugar donde David estaba, entonces él podía regresar con seguridad.

Jonatán estaba dispuesto a escuchar (20:4). Es una marca de amistad verdadera cuando alguien puede decir, “Él o ella me escucha. No me interrumpe siempre, y no cambia la conversación para hablar de lo que desea. Me deja decir lo que está en mi mente”. Todos necesitamos esa clase de amigo. Además, necesitamos ser esa clase de amigo. Probablemente la mayoría de nosotros debe hablar menos y oír más. Debemos ser tardos para hablar y prontos para oír (Santiago 1:19). La mayoría de personas habla lo suficiente en una semana para llenar un libro de 500 páginas—eso es 3,000 volúmenes (1,500,000 páginas) durante su vida (cf. Mateo 12:36-37). ¡Algunas veces también debemos oír!

Jonatán mantuvo su promesa ante su amigo (20:35). Al tercer día Jonatán fue al campo juntamente con un muchacho que recogía sus saetas. Saúl había mostrado claramente que quería matar a David, así que Jonatán lanzó la saeta más allá del escondite de David. David miraba mientras Jonatán enviaba al muchacho a recoger sus armas y luego irse del lugar. Arriesgando sus vidas, hablaron e incluso lloraron juntos (20:41-42). Ambos eran guerreros valientes, pero todavía eran hombres con corazones tiernos. También reiteraron su promesa (18:3; 20:14-16).

Compartían secretos que nadie más conocía (20:39). David compartió secretos con Jonatán que hubieran puesto en peligro su vida si llegaban a los oídos equivocados. Jesús también dio a conocer todas las cosas que oyó del Padre (Juan 15:15). Nadie más podía señalarnos el camino al cielo (Juan 14:1-3,6; Apocalipsis 4:4). Como nuestro Amigo, creó un plan para salvarnos—la fe (Juan 3:16); el arrepentimiento (Lucas 13:3); la confesión (Mateo 10:32); el bautismo (Marcos 16:16); y la vida piadosa (Lucas 9:23).

Jonatán se sacrificó por su amigo (20:31-32). El destino de Jonatán era tomar el lugar de su padre como rey. Su victoria impresionante sobre los filisteos (1 Samuel 14) y su buen carácter demostraban que hubiera sido un buen rey. Pero él entendió que Dios quería que David lo fuera, y humildemente se sentó en el asiento de atrás. La disponibilidad de sacrificar su posición—e incluso ayudar a su “rival”—enfatiza su humildad. Después de 3,000 años esta amistad extraordinaria todavía ocasiona en nosotros una gran admiración por Jonatán.

El Fortalecimiento en el Señor de una Amistad (Lee 1 Samuel 23:16)

Hasta donde sabemos según la Biblia, la última vez que Jonatán y David se vieron, Jonatán buscó a su amigo y “fortaleció su mano en Dios” (1 Samuel 23:16; cf. Nehemías 2:18). Esta amistad siempre había incluido al Señor (20:12-13,23), y en esta ocasión Jonatán se valió de esta fundación para animar a su amigo oprimido a no perder su fe. No hay ninguna persona que no necesite ánimo de vez en cuando. Incluso David—el héroe de la batalla contra Goliat—sintió que su fe le estaba abandonando después del maltrato de Saúl. Jonatán pudo percibir esto y le animó a no darse por vencido. No se registra lo que le dijo. Él pudo haber hecho referencia a una escritura o pudo haber orado. Lo que sea que hubiera hecho o dicho, David se sintió más fuerte después de su visita.

El verdadero amigo te guiará a Cristo, no lejos de Él (Hechos 18:26). Pablo dijo, “Sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación” (Romanos 14:19; cf. 15:2). Uno de los propósitos de la amistad se revela en Eclesiastés 4:10: “Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante”. Cada uno debe animar a su amigo a ser más como Cristo (1 Pedro 2:21-22). Se puede hacer esto al invitar a otros a adorar y a las actividades espirituales (Juan 1:41-42), enseñar el Evangelio a los que no son cristianos (Hechos 24:25) y hablar con aquellos que son tentados (Hechos 11:23). Invita a tus amigos que no son cristianos a estudiar la Biblia (2 Timoteo 2:15) y ora con tus amigos cristianos (Hechos 20:36).

Cuando se haga el balance final de los libros en el cielo, Jonatán recibirá una parte del crédito por la música hermosa de David. David estaba a punto de perder su fe. Si él perdía su fe, nunca sería un rey. ¿Por qué Jonatán no dijo, “Si David falla, no es mi culpa. Si falla, esto solamente significa que no tomará el trono que me pertenece”? Jonatán y David eran amigos, y eso importaba más para Jonatán que ser un rey. Ciertamente, Jonatán perdió su corona, pero ganó a su amigo. Cambió su corona que pudo haber usado por un poco de tiempo por una corona que usará para siempre.

Una Amistad que Duró Incluso Más Allá de la Tumba (Lee 2 Samuel 9:7-13)

Jonatán había pedido que David prometiera, “No apartarás tu misericordia de mi casa” (1 Samuel 20:15-18,42). Él sabía que David sería rey y le pidió que siempre cuidara de su familia. Jonatán murió antes que David llegara a ser rey, pero David nunca olvidó su promesa. Una vez que dominó a sus enemigos, preguntó si alguno de los familiares de Jonatán estaba vivo (2 Samuel 9:1). Siba, un antiguo criado de la casa de Saúl, informó a David que un hijo de Jonatán estaba vivo. Mefi-boset no podía caminar debido a una caída durante el asalto filisteo que ocasionó la muerte de su padre y abuelo. David envió a llamarlo, y Mefi-boset comía de la mesa del rey como si fuera uno de los hijos de David. Luego, las propiedades de Saúl se le concedieron a él, y se le dio siervos para que le cuidaran. ¡Qué amistad tan hermosa y duradera!

¿Jonadab o Jonatán? Escoge cuidadosamente… Más que tu vida puede depender de esto.

Referencias

Henry, Matthew (1961), Comentario de Matthew Henry [Matthew Henry’s Commentary], sobre 1 Samuel 18:4, eds. Leslie Church y F.R. Hist (Grand Rapids, MI: Zondervan).

South, Robert (1842), Sermones Predicados en Varias Ocasiones [Sermons Preached Upon Several Occasions] (Oxford: University Press).


Título original en inglés, “Who’s Your Friend? Jonathan or Jonadab? ”, por www.housetohouse.com; folleto. Traducción editada por Moisés Pinedo.

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