¿Qué Dice la Biblia en cuanto a los Instrumentos Musicales en la Adoración a Dios?

Roby Ellis

El uso de instrumentos musicales en la adoración a Dios es un tema que ha causado controversia en el mundo religioso por siglos, e incluso hoy las iglesias de Cristo alrededor del mundo se encuentran en medio de esta controversia. Espero que este material sea útil para aquellos que están buscando la verdad sobre este tema muy importante.

LOS INSTRUMENTOS MUSICALES EN LA ADORACIÓN DEL ANTIGUO TESTAMENTO

Tal vez el intento más común que nuestros amigos en las denominaciones realizan para justificar el uso de instrumentos mecánicos en el servicio de adoración cristiana es regresar a la Ley de Moisés en busca de instrumentos musicales que se usaron en la adoración a Dios. Su búsqueda produce hallazgos prometedores; sin embargo, ninguno de ellos es una argumentación válida para el uso de instrumentos mecánicos en la adoración hoy. Algunas de sus reclamaciones de autoridad incluyen los pasajes como 2 Crónicas 5:12-14, en el cual se usaron címbalos, salterios, arpas y trompetas juntamente con el canto en la adoración a Dios durante la dedicación del templo del Rey Salomón, construido en Jerusalén en el siglo X a.C. Otro pasaje se encuentra en 2 Crónicas 29:25-29, donde se usa (por mandamiento) los mismos instrumentos en el templo juntamente con el canto. Otros pasajes incluyen el Salmo 150 y otras escrituras del Antiguo Testamento que muestran que los hijos de Israel usaron instrumentos mecánicos en aquel tiempo con la aprobación de Dios. Entonces, ¿cómo abordamos el hecho que Dios deseaba esta forma de adoración de Su pueblo bajo la Ley de Moisés? Después de todo, ¡Dios no cambia (Malaquías 3:6)!

  1. Primeramente, consideremos a quién se dio esta ley. Esta ley fue dada a los receptores de los Diez Mandamientos originales grabados en piedra en el Monte Sinaí. ¿Quiénes fueron estas personas? ¡Fueron los judíos! Esta ley, incluyendo los mandamientos dados a los sacerdotes en el tiempo de Salomón y Ezequías, nunca fue impuesta a los gentiles. Por ende, en primer lugar no tenemos parte ni suerte en el asunto—a menos que fuéramos judíos.
  2. Recuerde lo que Pablo dijo en Gálatas 5:3: “Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a guardar toda la ley”. No tenemos libertad de escoger los mandamientos que queremos seguir como podemos escoger carne o vegetales en un restaurante. Si queremos vivir bajo la Ley de Moisés, debemos estar de acuerdo en guardarla completamente, pero esto es imposible ya que no se puede regresar físicamente al templo para adorar, ya que ahora no existe; tampoco los sacerdotes pueden servir como se mandaba en el Antiguo Testamento, ya que nadie incluso sabe quiénes tienen el derecho al sacerdocio—se destruyó todos los registros genealógicos de los judíos durante la destrucción de Jerusalén el año 70 d.C. Además, incluso si pudiéramos guardar estos estatutos del Antiguo Testamento, no hay razón en absoluto para desear hacerlo ya que tenemos la perfección que existe en el Nuevo Testamento.
  3. Es incluso más importante considerar la línea precisa que divide los dos pactos que Dios dio. Miles de años atrás, los profetas dijeron al pueblo de Dios que Él haría “nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá”. Esta promesa se encuentra en Levítico, Deuteronomio y Jeremías, y leemos de su cumplimiento en 2 Corintios 3 y otros pasajes del Nuevo Testamento. Por tanto, es evidente que existe una distinción clara entre los dos pactos que Dios hizo; el primero ha sido anulado completamente (Colosenses 2:14), y el segundo rige para todos los hombres, ya que todos somos herederos según la misma promesa (Gálatas 3:28-29). El judío ya no es la persona que lo es externamente, sino internamente (Romanos 2:28-29). Esta unidad que ahora existe bajo el Nuevo Pacto es uno de los factores que le hace mucho más glorioso que el antiguo. En la epístola del apóstol Pablo a las iglesias de Galacia, él advirtió en cuanto a regresar a los mandamientos del Antiguo Testamento. Argumentó que si hacían eso, de nada aprovechaba Cristo (5:2). Advirtió que todos los que hacían eso han caído de la gracia (5:4). En el tercer capítulo del libro de Efesios, aprendemos del conocimiento de Pablo de un misterio que le había sido revelado divinamente. ¡Aprendemos que las cosas que son ahora existieron en la mente de Dios desde el principio y que estuvieron escondidas hasta su manifestación en el Nuevo Testamento! Cuando estudiamos el libro de Hebreos, llegamos a darnos cuenta que Cristo dio Su propia vida para establecer el Nuevo Testamento. Entonces, ¿por qué deberíamos considerar al Nuevo Pacto como inmundo y regresar otra vez a lo que Dios, en Su omnisciencia, ha considerado abolir?
  4. Si consideramos la tipología que existe entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, nos daremos cuenta que los pasajes del Antiguo Testamento que revelan el uso de instrumentos musicales realmente sostienen la carencia de instrumentos mecánicos en el tiempo del Nuevo Testamento. Por ejemplo, bajo el sistema del Antiguo Testamento había sacerdotes de un linaje físico que realizaban tareas físicas en actos ceremoniales de adoración. Ofrecían sacrificios físicos de toros y machos cabríos imperfectos en altares físicos de piedra. Hoy los cristianos somos sacerdotes de un linaje espiritual (Apocalipsis 1:6), siendo nuestro sacrificio el Hijo de Dios sin pecado. ¡Todo lo que fue físico y por ende imperfecto en la antigüedad tiene un homólogo espiritual perfecto hoy! ¿Por qué esto no pudiera aplicarse a los instrumentos musicales? Hoy en la iglesia, todos usamos un instrumento en la adoración a Dios, pero no es creado por hombre, sino por Dios mismo—el corazón (Efesios 5:19), ¡el instrumento del espíritu del hombre!

LA PALABRA GRIEGA PSALLO

[H]ablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones (Efesios 5:19, énfasis añadido).

Mucha gente en las iglesias denominacionales saben que debería haber autoridad en el Nuevo Testamento para las cosas que hacen en la adoración, así que han buscado en las Escrituras con la esperanza de encontrar algún pasaje (o pasajes) que puedan usar para proponer el uso de instrumentos mecánicos. Muchos han señalado la palabra griega psallo, que se usa cuatro veces en el Nuevo Testamento, que puede significa “puntear”, como se pudiera puntear las cuerdas de un instrumento. Aunque esto es cierto, la palabra también puede significar “cantar” o “hacer melodía”. Aunque a algunos les gustaría cambiar “cantar” por “puntear” en el Nuevo Testamento, ellos probablemente no cambiarían el libro de los Salmos al libro del Punteo.

Examinemos la validez de este argumento. Supongamos que esta palabra signifique, como algunos sugieren, “puntear” en Efesios 5:19. ¿Podemos determinar qué instrumento se nos manda a “puntear”? ¿Se menciona el instrumento? Absolutamente, ¡y ese instrumento es nuestro corazón! ¡Esto calza de manera hermosa en la tipología de los dos testamentos!

LOS INSTRUMENTOS EN EL CIELO

En un intento por encontrar autoridad escritural para el uso de instrumentos musicales en el servicio a Dios, muchos han ido a pasajes tales como Apocalipsis 15:2, el cual parece indicar que se usan arpas en el cielo para adorar a Dios. Examinemos el pasaje.

Vi también como un mar de vidrio mezclado con fuego; y a los que habían alcanzado la victoria sobre la bestia y su imagen, y su marca y el número de su nombre, en pie sobre el mar de vidrio, con las arpas de Dios (énfasis añadido).

Consideremos dos razones por las cuales este texto no autoriza los instrumentos musicales en nuestra adoración a Dios.

Primero, recuerde que estas palabras son la revelación dada a Juan mientras él estaba exiliado en la Isla de Patmos (Apocalipsis 1:9). La mayor parte del libro está escrito en lenguaje simbólico. Considere este mismo pasaje. Juan dijo que vio “como un mar de vidrio mezclado con fuego”, sobre el cual estaban las arpas de Dios. ¿Estaban estos adoradores parados en un mar literal de vidrio y fuego? Si este no es el caso, ¿es razonable concluir que las arpas que poseían eran arpas literales, o que pueden representar (como el mar) algo más grande que no se podía expresar en vocabulario terrenal?

Segundo, note que no se escribió esto en cuanto a un servicio de adoración terrenal, sino un servicio celestial. Cuando pasemos de esta vida temporal a una eterna, seremos en muchos sentidos “como los ángeles de Dios en el cielo” (Mateo 22:30), aunque no sabemos cómo adoraremos a Dios cuando llegue este tiempo. Lo que sí sabemos es que no habrá necesidad de ley, como ahora, ya que no habrá transgresión (cf. Romanos 4:15). Pero en la Tierra tenemos una ley que debemos seguir y que es muy específica cuando habla de la manera de adorar a Dios. Pablo dijo, “Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento; cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento” (1 Corintios 14:15). Ciertamente la adoración celestial es diferente a la adoración terrenal. Por ende, mientras estemos en la Tierra debemos acatar la ley que rige a la adoración terrenal.

¿AYUDA O ADICIÓN?

Muchos en el mundo denominacional argumentan que el mismo razonamiento que negaría la autoridad para el uso de instrumentos mecánicos en la adoración también negaría el derecho de usar tales cosas como los himnarios, los locales de adoración y los micrófonos, ya que no hay mandamiento ni ejemplo en el Nuevo Testamento que apoye su uso en la iglesia. Pero note que hay una diferencia significativa entre una ayuda para nuestra adoración y una adición a tal adoración.

Para ilustrar este punto importante, considere el arca que Dios mandó que Noé construyera. Algunos de los requerimientos para la construcción del arca que se presentan en Génesis 6 incluyen: (1) su material: madera de gofer; (2) su impermeabilización con brea; (3) sus dimensiones: 300 x 50 x 30 codos; y (4) su número de ventanas, puertas y pisos. La mayoría de nosotros estuviera de acuerdo que a Dios no le hubiera agradado si Noé hubiera tratado de alterar alguna de estas especificaciones que Él le había dado. Por ejemplo, Noé no tenía derecho de usar otro tipo de madera en la construcción del arca excepto el tipo que Dios había especificado; tampoco tenía derecho de mezclar este tipo de madera con otro tipo de madera que escogiera. Por otra parte, también es claro que Noé tenía que usar algunos materiales que no se mencionan específicamente en las instrucciones divinas—martillos, serruchos y otras herramientas que necesitaría para cumplir los mandamientos de Dios.

Este mismo principio se aplica a nuestra adoración hoy en el sentido que necesitamos ciertos materiales para cumplir los mandamientos de Dios con relación a la adoración. Por esta razón usamos himnarios, para que todos podamos cantar juntos, como Dios requiere. Por esta razón también usamos bancas, micrófonos y directores de canto; todas estas cosas ayudan a la iglesia a cumplir la forma de adoración que Dios ha especificado. Sin embargo, como Noé, no tenemos autoridad para alterar el tipo de música que Dios ha requerido de Su iglesia: “cantando con gracia” (Colosenses 3:16) y “alabando al Señor en vuestros corazones” (Efesios 5:19).

LA IMPORTANCIA DE LA AUTORIDAD BÍBLICA

Algunos declaran que no necesitan autoridad bíblica para usar instrumentos mecánicos ya que las Escrituras nunca condenan su uso explícitamente. Pero note, por ejemplo, que aunque se mandó que los sacerdotes fueran de la tribu de Leví e hijos de Aarón, nunca se prohibió específicamente otras tribus y familias. No obstante, Hebreos 7:14 evidencia que tales tribus y familias estaban excluidas, siendo el punto que Jesús no pudo haber sido un sacerdote en la Tierra, ya que “manifiesto es que nuestro Señor vino de la tribu de Judá, de la cual nada habló Moisés tocante al sacerdocio”. Se entendía que todas las otras tribus estaban excluidas del sacerdocio antes que hubiera cambio de ley (Hebreos 7:12), un cambio que requería la muerte de Jesús en la cruz (Hebreos 9:15-17). El mismo principio se aplica a la adoración del Nuevo Testamento. Dios ha requerido el canto (Efesios 5:19; Colosenses 3:16), y hasta que la ley sea cambiada con algo tan dramático como la crucifixión del Unigénito de Dios, se debe observar esta ley fielmente, excluyendo todas las otras formas de música que se pueden introducir como sustitutos.

CONCLUSIÓN

Ha llegado el tiempo del “fin de todo el discurso” (Eclesiastés 12:13). En este estudio hemos analizado varias maneras en que muchos tratan de justificar la introducción de adiciones que son ajenas al plan de Dios para la adoración. Cuando Satanás tentó a Jesús, nuestro Señor siempre respondió de la misma manera: “Escrito está” (Mateo 4). Cuando nos acercamos al trono majestuoso del Dios Todopoderoso, siempre debemos ser cuidadosos de hacerlo de la manera que le agrada, no necesariamente de la manera que nos agrada.

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